Lucía Giraldo de Montoya

El 10 de Enero de 2023 partió a la eternidad la distinguida matrona envigadeña. Para sus hijos, nietos parientes y allegados va una voz de aliento, para honrar su memoria, con la Oración al Corazón de Jesús que fue su compañía espiritual.

En memoria de Ana Lucía Giraldo de Montoya (1926-2023).

“A los 44 años de haber muerto mi papá me acordé que él rezaba una oración muy linda, pero no la recordé; me puse con mucha tristeza a pensar por qué no me la había aprendido, pero era solo una niña cuando él la rezaba.
Cuando menos pensé, me acordé de la primera palabrita, y a la otra noche volví a rezar la palabrita y así sucesivamente cada vez me acordaba de una palabrita más, hasta que recordé toda la oración”. Lucía Giraldo de Montoya

Oración al Corazón de Jesús

Bendito seas oh corazón adorable de mi Jesús, que al comenzar el día te presentas en mi memoria, como el principio de toda mi felicidad.

Tú me recuerdas el amor infinito, de que siendo hijo de Dios, quisiste ser hijo de una virgen y dueño de los corazones por amor.

Yo te adoro, oh amabilísimo Jesús, y con el más sincero afecto de mi corazón te reconozco por mi creador y bello soberano.

Tuyo es mí ser, mi cuerpo y mi alma, pero más tuyo si se puede decir es mi corazón, porque a costa de tu sangre me libraste del pecado y del demonio.

Sin que yo te ofrezca mis obras, palabras y pensamientos, tuyos son señor, pero teniendo yo, que, como otras veces, engañada por mis enemigos o distraída por las ocupaciones de mis oficios usurpe tus derechos, quiero desde este día encerrarme como en amorosa cárcel dentro de tu sacratísimo corazón, para que ni en la más mínima parte se dedique criatura alguna sino en cuanto a tu ley permite.

Recíbeme pues dentro de ti oh corazón piadosísimo, alúmbrame con esos rayos de luz que de ti salen, para que no se extravíen mis pasos; enciéndeme con esas llamas purísimas para que no se engañe mi corazón; cíñeme esa corona de espinas para que no se demande mi sentido y afecto, y esa sangre que sale por tus heridas conforte mi flaqueza.

Supuesto que debo llevar mi cruz como llevaste la tuya; comunícame tu paciencia, tu mansedumbre y tu humildad para padecer como debo por mis pecados, para permanecer contigo oh corazón divino, mi consuelo, mi maestro, mi amor y mi gloria.

Amén.