Mauricio Jaramillo Vélez, In Memoriam

Falleció el 29 de noviembre de 2025 a las 4:00 a.m. en la Clínica Las Américas de Medellín. Solemne ceremonia exequial el domingo 30 de noviembre a las 4:00 p.m. en la Parroquia El Portal de Jesús, Carrera 46A Nº 32 C-Sur-15, Envigado.

Jaime Mauricio Jaramillo Vélez nació en Envigado el 15 de agosto de 1955, estudió en el Colegio La Salle de su ciudad natal y desde muy joven ejerció el comercio.

Mensaje de Álvaro Vanegas Montoya, hermano de Alfredo el esposo de Beatriz Jaramillo Vélez.

Beatriz y familia:
Lamentamos profundamente la partida de su hermano. Sabemos que no hay palabras suficientes para explicar el sentimiento que brota con esta ausencia porque se sabe que un hermano es parte de uno mismo. Es que el hermano es el que viene de la misma raíz. Fue arrullado en la misma cuna y fue criado bajo el mismo techo. Todas las cosas que después produce la vida solo son accidentes y el amor de cuna nunca cambia y nunca se borra. Por eso hoy más que nunca estamos con usted. “Su recuerdo vivirá en quienes lo amaron y su luz seguirá acompañándolos siempre”. Reciba pues un saludo y un abrazo solidario. Este saludo lo hacemos extensivo a todos los suyos. Que Dios lo tenga en su reino y ya repose en manos de la Santísima virgen. Con todo cariño: Álvaro Vanegas Montoya, Alba Lucía e hijos.

Reflexión de Claudia Jaramillo Vélez, hermana de Mauricio:

Querido hermano:

Hoy nos reunimos con el corazón encogido para honrar la vida de Mauricio, mi hermano… ese hombre único, ingenioso, lleno de alegría y con una energía tan auténtica que siempre dejaba una huella imposible de borrar. Era imposible no quererlo. Era imposible no admirarlo.

Desde muy joven mostró ese espíritu inquieto, esa chispa que lo hacía diferente: siempre creando, siempre inventando, siempre con las manos ocupadas y el alma dispuesta. En Envigado fue uno de los primeros en ponerle motor a una bicicleta, y luego, con su Yamaha 400, subía y bajaba la loma de Las Palmas con ese entusiasmo tan suyo, ese que parecía decirle al mundo que la vida estaba para disfrutarse sin miedo.

Cuando abrió la ferretería, Juan Diego y yo pasábamos nuestras vacaciones trabajando allí con él. Éramos felices vendiendo instalaciones de Navidad, atendiendo gente, aprendiendo de su carácter y de su manera de resolver la vida. Esa ferretería en la avenida Primero de Mayo la conocía todo el mundo. Pero más que un negocio, era un hogar: juntos, en casa, reparábamos lo que la gente llevaba. Entre cables, herramientas y el olor a pintura, crecimos riendo, aprendiendo y sintiendo que la vida era más bonita cuando estábamos juntos. Son recuerdos sencillos, pero tan valiosos… recuerdos que hoy duelen y abrazan al mismo tiempo.

Mauricio vivió su juventud con una intensidad hermosa. Se compró un Jeep descapotado con el que recorría las calles junto a sus amigos de la tienda de La Cuchilla. Llevaba un letrero que decía “Solteros en vacaciones”, y él lo manejaba con esa alegría despreocupada que lo hacía ver siempre joven. Muchas mujeres se fijaban en él, claro… era encantador, tenía una presencia que iluminaba. Pero su corazón ya tenía nombre desde los 15 años: Patricia, el amor profundo de su vida, su compañera, su refugio, la mujer con la que construyó un hogar lleno de historia, de luchas, de risas y de amor verdadero.

Y después de ese gran amor que fue Patricia, la vida —con su manera sabia de sorprender— puso en su camino a Beatriz Mejía, Betty. Ella llegó en un momento distinto, con un cariño sereno y una compañía que lo sostuvo, lo alegró y le dio paz. Betty le regaló comprensión, ternura, cuidado… una presencia honesta y luminosa que lo acompañó con amor hasta el final. Fue para él un remanso cálido, una mano firme y dulce que caminó a su lado en los últimos capítulos de su historia. Y por eso también estamos agradecidos.

Siempre llamamos cariñosamente a Mauricio “cacharrero”, porque amaba los carros antiguos. Participó en desfiles de la Feria de las Flores con sus camionetas clásicas, feliz, orgulloso, como un niño que muestra su tesoro. Así era él: auténtico, apasionado, lleno de aficiones que lo hacían único.

Pero entre todas las etapas de su vida, hubo una que lo transformó por completo: ser abuelo. Cuando llegó su nieto Isaac, algo en él se enterneció de una manera diferente. Isaac sacó de Mauricio una ternura especial, una paciencia dulce, un orgullo inmenso. Lo veía gatear, reír, crecer… y se le iluminaba el alma. Isaac se convirtió en su alegría nueva, en su segunda juventud, en el motor más puro que tuvo en los últimos años. Y aunque Isaac quizás no comprenderá aún la magnitud de la persona que fue su abuelo, algún día escuchará nuestras historias… y sabrá que tuvo un abuelo maravilloso, noble, fuerte y profundamente amoroso. Sabrá que alguien en el cielo lo va a acompañar siempre.

Hoy, querido hermano, nos duele despedirte. Nos duele hasta los huesos. Pero también nos quedamos con cada momento, cada carcajada, cada invento, cada locura tuya, cada recuerdo que ahora se vuelve tesoro. Te fuiste rodeado del amor de tu familia, y también te llevas el nuestro, que no termina aquí.

Gracias por tu vida. Gracias por tu historia. Gracias por ser como fuiste.

Hasta siempre, Mauricio.
Tu recuerdo será eterno en nosotros, y vivirá también en los ojos y en el corazón de tu pequeño nieto Isaac.

Colofón de Alfredo Vanegas Montoya, esposo de Beatriz, hermana de Mauricio:

El mejor homenaje a la memoria de Mauricio es reconocer sus valores y los de su familia que representa la grandeza y dignidad de hombres y mujeres de la Ciudad Señorial de Colombia en la celebración de 250 años de Institucionalidad.

Con Mauricio, los Jaramillo Vélez: Laurita, Beatriz, Rocio, Martha Isabel, Carlos Mario, Juan Diego y Claudia, integraron un destacado grupo con profesionales, empresarios y comerciantes que han ocupado cargos importantes en los Clubes Rotario y Rotarac, Empresas de Textiles y Papel, Empresas Públicas de Medellín, la Cámara de Comercio de Medellín, la Asociación Nacional de Delineantes, Asdea, la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos, la Asociación Colombiana de Técnicos de la Industria de Pulpa, Papel y Cartón, Acotepac, entre otras.

Despedimos a Mauricio desde este rincón de la patria elogiado por nuestro escritor y filósofo Fernando González al afirmar “Envigado paraíso, mejor que París y Roma que tanto me agradaron”. Yo agrego, Envigado felicidad, y aplico el aforismo latino, Sic Itur ad Astra. Seguid hacia el Sol! Bienvenido Mauricio a la Eternidad.